Jesús, hombre libre


La libertad es una tarea y una conquista de cada día, Jesús, con su vida y sus palabras nos enseña a ser libres:


“Jesús Nazareno ¿has venido para acabar con nosotros?”


Todos estaban asombrados porque enseñaba con autoridad ¿por qué ese asombro en una sociedad que era muy autoritaria? ¿por qué ese asombro en personas acostumbradas a obedecer a sus patrones y a los jefes de la sinagoga o el pueblo? ¿porqué asombraba su autoridad en un ambiente autoritario?

Es que no es lo mismo autoridad que autoritarismo. El que tiene autoridad no se apoya en sus cargos o en sus conocimientos para imponerse a los demás; el autoritario necesita recordar a los otros su sitio, su lugar social destacado, sus conocimientos; en una palabra, su poder. En cambio, el que tiene autoridad habla desde sí mismo, habla simplemente como una persona que transmite algo que cree, no impone, ofrece. Eso es lo que asombra a esas gentes acostumbradas al mal trato y la imposición; el Señor habla de otra manera, “no como los escribas”, esos que había que escuchar porque habían estudiado, pertenecían a destacadas familias, y parecía que sabían mucho.



Mirar diferente


Cuando Juan el Bautista fue arrestado Jesús comienza a hablar de tres cosas que en realidad son una sola: el Reino está cerca; hay que convertirse; y hay que creer en la Buena Noticia.

El Reino está cerca. No sólo en el tiempo, (falta poco), también en el espacio, (está por acá); si miramos bien podemos verlo, ahora. Jesús invita a ver la realidad con ojos nuevos, no invita a mirar para otro lado sino a mirar diferente. Si miramos bien podemos ver los signos de ese Reino nuevo, de esa nueva manera de vivir y convivir que ya está germinando y que poco a poco va creciendo como una pequeña semilla en el campo.

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¿Qué quieren?

El comienzo de la vida pública de Jesús parece casi un encuentro casual: Juan el Bautista que al ver pasar a Jesús les dice a dos de sus discípulos que ese que está pasando por ahí es “el Cordero de Dios”. Ellos comienzan a seguirlo, intrigados, hasta que el Señor se da vuelta y pronuncia las primeras palabras con las que iniciaría sus tres años de incansable predicación: “¿qué quieren?” Después dirá muchos discursos memorables pero sus primeras palabras son así de concretas y simples, “¿qué quieren?”.

Y creo que esas siguen siendo sus primeras palabras cada vez que nos acercamos a él, de una manera u otra nos pregunta qué queremos. Y nosotros, ¿qué queremos? ¿para qué nos acercamos a Jesús? ¿para qué vamos a misa? ¿para qué rezamos? ¿para qué lo buscamos? Todo dependerá de la respuesta que brote en nuestro corazón.

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