Un curriculum es una forma bastante pobre de mostrar lo que somos, es apenas un boceto, algunos trazos esquemáticos y sin contenido real. Decir “Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, Pontificia Universidad de Salamanca”, no dice nada de las interminables charlas en los bares de Madrid con los amigos de esa época, ni del frío que hacía cuando iba en mi motito hasta la facultad, y, menos aún, de la ansiedad por esperar noticias que había que ir a buscar al correo y leer en la vereda. Mucho más torpe es la expresión “Ordenado Sacerdote el 27 de Marzo de 1976” ¡Dios mío, cuánta vida inexpresable hay detrás de esas palabras y de esa fecha! Y así se pueden recorrer todas las frases, enterándose de algunas cosas, pero sin siquiera tocar remotamente la vida, que no sólo no se muestra, sino que se esconde detrás de cada palabra y cada dato. Y, sin embargo, si este esquema de referencias generales y vacías de espíritu fuera otro, la vida también hubiera sido distinta. Si solamente el nombre de ese colegio no estuviera ahí ya toda la historia narrada incluiría otros amigos, otros estudios, otros lugares… Pero hay algo más determinante que el nombre del colegio, o ésta fecha o aquella otra. No sé cuándo ni cómo en esta historia entró Jesús, mi amigo y mi Señor. De todas formas no cabe en un curriculum. Tampoco hay lugar suficiente para Él en una página web. Pero quizás, de alguna manera a través de esta página logre transmitir algo de lo que Él es en mi vida. Sinceramente, de lo que hay que saber de mí, ese amigo mío es lo único que importa. J. |

