El domingo pasado la gente se acercaba a Jesús para tirarlo por un barranco. Hoy vemos como las personas se acercan a él para escucharlo. El domingo pasado Jesús “pasaba en medio de ellos” y seguía su camino. Hoy, se aleja un poco, se sube a la barca, y desde allí les habla.

Jesús se acerca a la vida de Pedro. Poco a poco. Primero le pide prestada la barca para hablar, de esa manera su voz llegaba mejor a quienes querían escucharlo. Después le pide salir nuevamente a pescar. No era poco lo que Jesús pedía, ellos ya habían limpiado las redes y eso era un trabajo duro. Les pedía volver a empezar la tarea cuando ya estaban cansados y no habían logrado nada. Toda la experiencia de pescador le decía que era inútil volver a intentarlo, pero por algún motivo Pedro no puede resistirse al pedido de Jesús, en su nombre, reinicia la tarea.

La pesca es extraordinaria, y la reacción de Pedro es pedirle a Jesús que se aleje de él. La presencia de Jesús lo atemoriza. Ante él Pedro se siente indigno, “pecador”, podemos traducir también por “impuro” o “sucio”.

Todos quieren estar cerca de Jesús menos Pedro, que le pide que se aleje. Parece que Pedro se da cuenta que estar cerca de ese hombre le va a cambiar la vida. Jesús lo tranquiliza, “no temas…”, y lo invita a seguirlo.

Pedro comienza un largo camino. En ese camino escuchará muchas veces las palabras “no temas”; aprenderá a dejar sus miedos y confiar. También aprenderá que es justamente a la vida de los pecadores a la que se quiere acercar Jesús.

En nuestro tiempo, también mucha gente está dispuesta a acercarse a Jesús para escucharlo, pero quiere mantener a Jesús lejos de sus vidas. Lo que Jesús dice es “interesante”, pero su manera de vivir y su propuesta de vida, es inquietante. Se piensa que lo que el Señor propone es muy bueno, pero se tiene la sensación de que no se puede vivir en este mundo.

No temas… esa es justamente la buena noticia: que Jesús vino para los que no podemos y los que tenemos miedo. Eso es lo que enseña desde la barca: “bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino”.

barca-de-jesusLc 5, 1-11

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes.

Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”.

Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.