Capitulo VII: DIOS ES MAS GRANDE
"Anunciamos lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman". 1 Co 2, 9
Dios no sólo es más grande que todas las cosas, también es mejor que el mayor de nuestros sueños o deseos. Busquemos encontrar a Dios tal como es y no como nosotros lo empequeñecemos. Debemos recordar a cada momento que Dios es más grande que lo que nosotros podemos imaginar, que es en verdad tanto más grande que casi es un desconocido. Muchas personas ahogan su posibilidad de crecimiento espiritual porque tratan con Dios como si ya lo conocieran, o al menos, como si ya supieran de él lo que se puede saber.
Si somos cristianos y conocemos a Dios manifestado en Jesucristo, si formamos parte de la Iglesia y conocemos y amamos a Jesús de Nazaret, si lo admitimos en nuestra vida como el resucitado presente en los sacramentos, si escuchamos su enseñanza e intentamos vivirla, entonces con más motivo debemos vivir abiertos cada día a descubrir al Señor como algo siempre nuevo e inefable. Toda la revelación no nos ha sido dada para eliminar o disminuir el misterio de Dios sino para despertar nuestra admiración y nuestra inquietud, para que encendida la llama del amor se avive en nosotros la pasión por conocer más a quien deseamos amar siempre mejor.
Nuestro Señor es un Dios-con-nosotros, pero esta proximidad no disminuye o relativiza su condición divina. El es Dios, que sea misericordioso no nos autoriza a ser desconsiderados, que esté con nosotros no lo hace como nosotros. "Dios-con- nosotros" no sólo quiere decir que vino a este mundo como hombre verdadero, que nos habla como amigo y está aun cerca nuestro en la Iglesia que es su Cuerpo. Además de esto quiere decir que hace su obra con nosotros. Dios, creador del cielo y de la tierra, que solicita su sí a María y busca para nacer un lugar en la posada, también con delicadeza y sin forzar una respuesta, está en nuestro corazón sometiendo el poder de su Espíritu todopoderoso a nuestro deseo de dejarlo actuar. De esta manera la obra realizada es totalmente suya y nuestra, y cada paso que damos en la vida espiritual es en verdad una obra de Dios con nosotros.
En esta prodigiosa cualidad de ser una obra realizada por Dios, con nosotros, radica la originalidad, la riqueza y la belleza de una vida espiritual cristiana, y aquí está también la respuesta propia de los discípulos de Cristo a las inquietudes del mundo moderno. El objetivo no es ir haciendo a Dios cada vez más comprensible y amable, sino al hombre más capaz de comprenderlo y amarlo. Si en nuestra vida espiritual queremos crecer de la ilusión a la verdad es necesario escuchar una palabra: Jesús. Y que caiga así esa pared que nos separa de Dios, esa imagen que nosotros construimos con sus figuras. Entonces podremos decir con Agustín:
"... y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: "soy alimento de adultos: crece y podrás comerme. Y no me transformarás en sustancia tuya, como sucede en la comida temporal, sino tú te transformarás en mí". (San Agustín, Confesiones).
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