La primera reacción es una mezcla de admiración y de desconfianza “¿no es éste el hijo de José?” ¿Cómo alguien que conocían de toda la vida podía ser un profeta? ¿cómo alguien de ese pequeño pueblo se ponía a enseñar así?

El problema que tiene esa gente es más actual de lo que parece a primera vista. Lo que les pasa es que creen que ya conocen a Jesús y no están dispuestos a cambiar esa imagen que tienen de él y eso ocurre también en nuestros días. Es algo que sucede a menudo precisamente en los ambientes en los que las enseñanzas de la Iglesia son más conocidas y aceptadas.

Jesús se da cuenta de la situación y pronuncia aquella famosa frase: “ningún profeta es bien recibido en su tierra” y después pone dos ejemplos de profetas que habían sido enviados por Dios a personas que no formaban parte del pueblo judío.

Esto produce una indignada reacción entre los que estaban en la sinagoga y lo empujan hasta una colina “con intención de despeñarlo”. Esto ocurre en el principio de la vida pública de Jesús y no es un enfrentamiento con los romanos, los doctores de la ley o los fariseos. Son sus hermanos, son gente sencilla y trabajadora de una aldea muy pobre.

Esto también está cargado de actualidad. Cuando hablamos de Jesús a personas alejadas de la vida de la Iglesia podemos encontrarnos con desinterés o con críticas, pero difícilmente genere rechazo la figura misma de Jesús, las dificultades suelen ser por cuestiones morales o políticas, pero si presentamos nuestra fe en el Señor, y hablamos de él y de su vida y enseñanza, la actitud es de respeto. En cambio si proponemos cambiar o modificar de alguna manera, la imagen de Jesús en ambientes más “católicos”, la reacción es de irritación y enojo… ¿por qué no decirlo? podemos encontrarnos con reacciones bastante violentas.

“Hazte conocer por mí tal como eres Dios mío, y no como yo te empequeñezco”. Es una bella oración que nos puede acompañar toda la vida. El Señor es siempre más que eso que conocemos de él.

Es importante prestar atención al final de la escena: “pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.” También en nuestros días el Señor sigue adelante a pesar de la ceguera de quienes no están dispuestos a cambiar.

jesusteachingLc 4, 21-30

Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”.

Pero él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, sánate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaúm”.

Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán, el sirio”.

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.