Soplar sobre la Herida

Homilías




La Palabra se hizo carne... Esta expresión, que sólo puede usarse con propiedad referida a la encarnación del Hijo de Dios, es tan inagotable en su riqueza que también podemos decir que se hace realidad en cada homilía.

Las palabras de una homilía expresan la fe de un corazón que en ese momento habla; pero en realidad cada homilía es como un eco, que repite infinidad de corazones que antes hablaron de esa misma manera. Es la misma palabra que fue pasando de corazón a corazón y que en ese instante vuelve a sonar con absoluta novedad.

En ese misterioso momento, la palabra conservada durante siglos en los libros y los  corazones vuelve a pronunciarse actualizada y viva.  La misma palabra de Jesús vuelve a sonar.  Se hace carne, materia, en el sentido más concreto: al pronunciarse una palabra unos pulmones elevan un aire que pasa por unas cuerdas vocales y en forma de ondas recorre el espacio, al que hace vibrar, llega a unos oídos, a un cuerpo, conmueve un corazón... En un lugar de ese cuerpo queda, es guardada,  germina poco a poco y va brotando hasta que produce frutos en actitudes, respuestas, gestos, actos, decisiones, formas de vida...

Las palabras apenas pasan por el aire, y si quedan fijadas solamente por escrito poco a poco se marchitan; únicamente en el corazón del hombre pueden ser guardadas, estar vivas y crecer.

Palabra Clara