Poli-y-Oesterheld-3-850x310Hablar con el cardenal Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires, es una experiencia que genera serenidad. Aun cuando el ámbito de ese diálogo sea un estudio de televisión, un espacio siempre cargado de tensión, la calma que transmiten su voz y su actitud se va contagiando poco a poco a todos los presentes. Tranquilo y preciso, va respondiendo a las preguntas sin irse del tema y refiriéndose siempre a lo esencial. Aunque habitualmente no concede entrevistas, en ningún momento se lo nota incómodo, al contrario, es él quien asume con normalidad su protagonismo y el que crea un ambiente cercano y cálido.

Las preguntas comenzaron haciendo referencia al próximo sínodo arquidiocesano al que ha convocado. Al hacerle notar que ese término, “sínodo”, no figura en el lenguaje habitual de las personas y que puede sonar algo incomprensible, explica que la palabra quiere decir “hacer juntos el camino” y que es a eso a lo que se está invitando. “Caminar juntos”, fácil de decir y de explicar, pero complejo de concretar. Ya sea en la Iglesia, en la familia, en la vida política o en cualquier ámbito, caminar juntos resulta en nuestros días un esfuerzo permanente que exige lo mejor de cada uno y que no todos están dispuestos a realizar.

Pero en el caso de la Iglesia no se trata de una estrategia coyuntural, algo que ahora conviene hacer para enfrentar las dificultades que se presentan. No es tampoco una ocurrencia del Papa Francisco. Como buen historiador, el cardenal Poli explica las cosas desde sus orígenes: “Los antiguos padres de la Iglesia decían que Iglesia es igual a Sínodo y significan los mismo”. Según esto alejarse del camino sinodal, del caminar juntos, es alejarse de la Iglesia. Esta visión cuestiona algo tan importante como las formas que adquieren el ejercicio de la autoridad y de la participación en las comunidades eclesiales.

El lema que el Cardenal Poli eligió para su episcopado está tomado del primer libro de los Reyes, (3,9): “Concédeme Señor un corazón que escuche”, así que para él su vivencia de la Iglesia y su manera de conducir están llenas de ese espíritu sinodal desde el principio del ejercicio de su ministerio como pastor.

Por eso cuando dice que en el sínodo “queremos escuchar a todos los que quieran hablar, también a los que se han alejado de la Iglesia, queremos escuchar lo que nos agrade y lo que no”, está llevando a la práctica algo que lo identifica, un propósito personal expresado en el ruego de Salomón cuando Dios lo pone al frente de su pueblo.

Cuando se le pregunta por el momento que está viviendo la Iglesia, afirma que “este es un tiempo de la historia apasionante para vivirla, porque la Iglesia no tiene un protagonismo político, tiene una autoridad moral y una voz encarnada en el papa Francisco… se dicen palabras que son motivo de reflexión en el mundo. El mundo las escucha”. Luego pone como ejemplo la encíclica Laudato si’ y su repercusión entre las personas más alejadas del pensamiento eclesiástico, y concluye: “Es un tiempo afortunado de la Iglesia”.

Quizás este camino sinodal que recorre la Iglesia sirva de guía y estímulo para quienes tienen responsabilidades el otros ámbitos de la sociedad. No solo en la Iglesia es urgente “caminar juntos”.

Iglesia es igual a Sínodo