El Evangelio de hoy nos invita a abandonar nuestras mediocridades, lo que Jesús nos propone es un desafío inmenso y diferente. Si nos preguntamos qué tiene para aportar nuestra fe cristiana a las dificultades de nuestra vida cotidiana, muchos responderían que lo que el cristianismo tiene para ofrecer es una serie de normas morales con las que regir las relaciones entre las personas. No mentir, no robar, no desear la mujer del prójimo… ¿Es esto solamente? ¿es así de simple? ¿lo que tenemos para aportar son normas de convivencia?

Sin dudas en la moral cristiana hay mucha sabiduría para ofrecer y compartir, sin embargo la mayor riqueza que tiene la fe cristiana no está en los manuales de moral, ni en los conceptos sobre el valor de la vida y la importancia de ocuparse del bien común. El aporte de la Iglesia son los Evangelios y más precisamente en la figura siempre actual de Jesús de Nazaret. Nuestro principal aporte es siempre Jesús, su manera de actuar, de hablar, de relacionarse con Dios y sus hermanos.

¿Es lo mismo ser cristianos y ser buenas personas? Hay que decirlo con claridad: ser alguien honesto y tener vínculos sanos es algo que se puede lograr sin el Evangelio, hay muchas personas, millones, pueblos enteros que desde hace siglos conviven y hacen el bien sin haber conocido jamás una sola palabra de Jesús y su mensaje ¿Qué agrega la Buena Noticia que proclamó y vivió Jesús de Nazaret? ¿Qué es lo que solamente allí podemos encontrar?

La novedad del Evangelio la encontramos expresada en estos pasajes en los que el Señor nos dice “se les ha dicho, pero yo les digo”. Lo que “se nos ha dicho” es la moral, el actuar correctamente, lo que Él nos dice es que para ser sus discípulos eso no es suficiente. Ser cristiano es ir más allá de lo exigido por la ley, ser cristiano es ser como es el mismo Jesús, que nos ama más allá de nuestros méritos. Él no nos ama porque está mandado, a Él no lo manda nadie, Él nos ama porque quiere amarnos.

 

 

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Jesús dijo a sus discípulos: No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: Yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no quedarán ni una coma de la Ley sin cumplirse, antes que desaparezcan el cielo y la tierra. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: “No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal”. Pero yo les digo que todo aquél que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquél que lo insulta, merece ser castigado por el tribunal. Y el que lo maldice, merece el infierno. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. También se dijo: “El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio”. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: “No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor”. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan “sí”, que sea “sí”, y cuando digan “no”, que sea “no”. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.  Mt 5, 17-37