Iglesia Catedral de Morón

Centro de Espiritualidad “María, Madre del Buen Viaje”

 

Compartir lo que creemos 
en una sociedad plural

 

Emilce Rosario Billordo

 

El pasado mes de mayo, en el salón parroquial de la Catedral Basílica Inmaculada Concepción del Buen Viaje, se realizó la presentación del libro del P. Jorge Oesterheld, Párroco de Virgen de las Flores y Vocero de la Conferencia Episcopal Argentina, “Compartir lo que creemos en una sociedad plural”.

La exposición estuvo a cargo del Párroco de la Catedral, Monseñor Raúl R. image018Trotz (izq. en la foto), quien manifestando su admiración y estima hacia el P. Oesterheld, resaltó como primera característica de la obra, que no es para leerla de corrido. Es un libro para meterse en él, porque trata de un creyente hablando de su fe y de los procesos que tuvo en su vida para serlo.

Monseñor Trotz destacó que hoy se educa y se vive y predica la fe en medio de grandes turbulencias, y que el libro es un camino, una propuesta de cómo hoy, se debe pensar en transmitir el Evangelio.

Destacó que una gran enseñanza del texto, es la insistencia que hace Oesterheld en que “aprendamos a sentirnos involucrados en lo que predicamos y que podamos tener claro que nunca somos maestros, siempre somos discípulos, aun cuando enseñamos”.

A su vez, rescató que el libro tiene un doble movimiento en su desarrollo; por un lado está la fe que queremos compartir, y por otro, cómo podemos y debemos crecer en la fe, en los tiempos en que nos tocan vivir.

Compartir la fe, más que enseñarla. 
Asumir la realidad y participar en ella.

Al concluir Mons. Trotz, el P. Oesterheld reiteró que su idea plasmada en el libro, se centra en cómo hacer para predicar el Evangelio hoy, teniendo en claro que la fe hay que compartirla, más que enseñarla.

La idea es responder a ¿Cómo hablamos de Jesús en este tiempo, en este momento y en este mundo sus actuales características?

Citando al Documento Gaudium et Spes:

“Los gozos y las esperanzas, las angustias y las tristezas de los hombres de nuestro tiempo, son los gozos y las esperanzas, las angustias y las tristezas de la Iglesia de Jesucristo”,

manifestó que frente a lo que nos toca vivir como país y como Iglesia, debemos asumir la realidad y animarnos a participar en ella. “A mí me duele mucho cuánto hemos retrocedido en nuestra actitud. No estamos en otro barco, estamos en el mismo barco y la gente con quien estamos es igual a mí, es mi hermano. La necesidad de escribir el libro surge del dolor que me produce que, ante tantas circunstancias muy difíciles, muchos de nosotros, curas y no curas nos corremos del barco y miramos desde afuera.

Precisamente, por lo mal que esta todo, me tengo que subir al barco como nuestro Señor, porque lo terrible es que si me pongo del otro lado a mirar cómo se cae el mundo, me quedo sin Jesús, porque Él está ahí, en la creación, dentro del barco, no está en nuestras seguridades”, afirmó.   

 

Señaló lo fácil que resulta caer en la tentación de corrernos y decir: ‘Qué mal esta todo’, y hacer de la Iglesia una secta. La secta es un grupo de gente que cree que son pocos porque tienen razón. “La iglesia es una comunidad enorme, inmensa de gente pecadora que cada vez que se juntan, piden perdón por los pecados. Nuestra fuerza, y es lo que trato de transmitir, no es que ‘la tenemos clara’, sino que creemos, apostamos, confiamos, compartimos la oscuridad que tenemos en este tiempo y ponemos ahí la figura, la alegría de Jesús”.

 

En su libro, el Vocero del Episcopado 
habla de una actitud: El amor.

Y enfatiza lo difícil que es encontrar la manera de transmitir ese amor. “Cómo encontramos la manera de transmitir el amor que sentimos, la valoración de las personas. “Lo difícil es que hasta que no lo sintamos, no lo vamos a poder transmitir.

No se trata de decirlo lindo, sino de la pasión y ganas que se ponen al expresarlo, al vivirlo. Una de las grandes dificultades que la Iglesia tiene para hacerse entender, no es que no habla claro, sino que la gente siente que se tiene una opinión sobre ella y que esa opinión no es buena. Nuestro prójimo no tiene la impresión de que lo amamos de verdad. Uno de los mayores antivalores que hemos instalado es la desconfianza en nosotros mismos, en la Iglesia, en el mundo, en la obra de Dios. Nos cuesta tanto entender que Dios nos quiere, que es misericordioso, que somos valiosos a sus ojos.

El reto será descubrir la manera en la que todos seamos capaces de encontrarnos con Dios, y eso compartirlo desde lo positivo, desde la maravilla que Dios hace con nosotros todos los días. Me duele mucho que retrocedamos y nos asustemos ante un mundo que se cae. Ahí está el desafío y ahí radica lo maravilloso de ser cristiano: Allí, dentro de este mundo, hablamos de fe y esperanza”.

En cuanto al concepto de “un mundo tan plural” y ante el discurso único y lo monolítico, que hace que sean sospechosas las diversidades dentro de la Iglesia, Oesterheld aclaró que “nosotros debemos vivir la pluralidad de la Iglesia como nuestra propia fuerza y mostrar cómo esa pluralidad se supera por medio del amor. En los Evangelios nunca el Señor dijo, pónganse de acuerdo, sólo dijo: ‘Ámense’. No nos dijo armen un discurso único. Esa es la manera de dialogar con el mundo, justamente el Señor nos está convirtiendo a través de la misma riqueza de la humanidad”.

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