El desafío de navegar mar adentro


Navega mar adentro, el último do cumento presentado por la Conferencia Episcopal Argentina, es una actualización de las Líneas pastorales para la nueva evangelización elaboradas en 1990, luego de una larga etapa de preparación. Entre las novedades que se pueden en contrar hay una, ciertamente no menor: un cambio en la formulación de los desafíos que se le plantean a la Iglesia de nuestro tiempo en la Argentina. Esta modifi­cación genera a su vez una alteración en las prioridades que hay que tener en cuen ta en la inmensa tarea de la evangeliza ción. Y, como se sabe, variar las prioridades implica un cambio muy profundo en el momento de la planificación y de la acción.

En las primeras Líneas se señalaban dos grandes desafíos: "el secularismo" y "una justicia largamente esperada". En el primer caso los obispos se referían al secularismo como un fenómeno que "afecta directamente a la fe ya la religión al dejar de lado a Dios". Esto tiene una consecuencia para la vida social: "Al prescindir de Dios se despoja al hombre de su referente último y los valores pierden su carácter de tales, convirtiéndose en ídolos que terminan degradándolo y esclavizándolo". En el segundo, el tema central era la justicia: "a los argentinos se nos presenta el desafío de superar la injusticia, construyendo una patria de hermanos mediante la solidari dad y el sacrificio compartidos".

Conviene recordar que trece años después de escritos estos textos la situación es más grave. En el tema social, donde las mediciones son más fáciles, des pués de una década las cosas han empeo rado de manera dramática. En cuanto al secularismo, aunque sea más difícil en contrar puntos de referencia claros, también se tiene la impresión de que no ha mejorado la situación sino que más bien se ha profundizado la gravedad del diagnóstico.

Navega mar adentro no ofrece una evaluación sobre lo ocurrido. ¿Qué se hizo o qué se dejó de hacer? ¿Cómo se trabajaron esas prioridades? Si ahora la situación es más grave seguramente no es por acción u omisión de la Iglesia, pero tampoco es un dato para dejar de lado. Lo que sí ofrece el documento es algo quizás más importante que una evalua ción: ha modificado las prioridades.

Ahora se señala un solo desafío: la crisis de la civilización y la cultura. De éste se siguen otros cuatro: "la búsque da de Dios", "el escándalo de la pobreza y la exclusión social, "la crisis del matri monio y la familia" y "la necesidad de una mayor comunión". Es importante destacar que el gran desafío es el prime ro (la crisis de la cultura) y que los res tantes son presentados como "relaciona dos con dicha crisis".

Ciertamente este cambio no se debe a que los desafíos anteriores hayan des aparecido. En efecto, "el secularismo" está planteado en el punto "la búsqueda de Dios"; y la "justicia largamente espe rada" está presente en "el escándalo de la pobreza y la exclusión". El nuevo y principal desafío no apareció porque al gún nuevo acontecimiento irrumpió en la vida de los argentinos, sino que se des prende de una profundización en el diag nóstico. Los obispos han ido más a fon do en su análisis, se han aventurado mar adentro. Esto debería tener consecuen cias pastorales de importancia porque son muy distintas las acciones concretas a realizar si el centro del problema es "el secularismo" o "lo social", o si conside­ramos que "el desafío radical y englobante (es) la profunda crisis de valores de la cultura" .

Detrás de esta profundización hay un cambio cualitativo. Estamos comen zando en la Argentina a tener una visión de las cosas que acompaña los cambios que se han producido en toda la Iglesia. Hace ya tiempo que el Papa ha puesto el tema de la cultura en el centro de la esce na: "La síntesis entre la cultura y la fe no es solamente una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plena mente acogida, enteramente pensada y fielmente vivida".

Es interesante notar que en el si glo XX la doctrina social de la Iglesia conoció un gran crecimiento, pero simul táneamente la situación social en el mun do empeoró escandalosamente y esa en señanza no tuvo la importancia que se hubiera deseado en la reflexión sobre el tema. Finalizando el siglo y gracias a las intuiciones de Juan Pablo Il, los docu mentos "sociales" de la Iglesia fueron planteando cada vez más claramente pro blemas "culturales". Las posibles soluciones ya no se buscan sólo en cambios económicos o políticos sino en cambios de valores, en cambios culturales profundos. Ya el tema no es "liberalismo s vs. marxismos", sino que hay un cambio de óptica que plantea las cosas de otra manera. La discusión se plantea sobre temas como los valores, la diversidad de formas de convivencia, el respeto de las diferencias y hasta el sentido de la vida. La reflexión se desplaza de la economía y la política al ámbito de la filosofía y la teología, o, quizás, de las filosofías y las teologías.

Si se habla de desafíos pastorales, la dimensión del cambio es más perceptible en el terreno de lo cotidiano y concreto. En una parroquia, por ejemplo, no es lo mismo poner en primer lugar como desafío "lo cultural" que "lo social". Si el principal desafío está en el ámbito de lo cultural y no en el social, entonces en la comunidad parroquial la atención se desplaza de la acción de Cáritas y su organización, hacia... ¿Hacia dónde? ¿Tenemos estructuras para responder a esto? ¿es trabajo de catequesis, de formación? ¿Sigue siendo Cáritas, pero de otra manera? Si en lugar de las parroquias se fija la atención en los seminarios, ¿cómo debe ser ahora la formación de los futuros sacerdotes? En cualquier caso lo que no debe ocurrir es que se cambien las prioridades y que todo siga igual.

Además, si el eje de la cuestión se desplaza hacia "lo cultural", ¿quiénes son ahora los interlocutores? ¿Hay que seguir hablando sólo con sindicalistas, políticos, empresarios, asistentes sociales, o será necesario incorporar nuevas voces? ¿Cómo llega nuestra manera de ver las cosas a los lugares en los que se hace filosofía, literatura, deporte, música, cine y tantos otros en los que se forjan las ideas y las actitudes básicas de la cultura contemporánea?

Es interesante observar que "el secularismo" está puesto en el marco más amplio de la crisis cultural y no como fenómeno aislado. Sin duda el "olvido de Dios" es la clave de muchas desgracias que nos aquejan, pero tanto a la explicación como a la superación de ese "olvido" se llegará desde la acertada comprensión de los procesos culturales.

En realidad, si se mira bien, cuan do en 1990 se fijaban las prioridades del "secularismo" y la "justicia" no se estaba proponiendo un cambio. Hace ya mucho que la Iglesia argentina se esfuerza por anunciar el Evangelio en un mundo secularizado, y también hace tiempo que proclama la justicia y lucha contra la pobreza. La novedad aparece ahora cuando se comprende mejor que el secularismo y la injusticia se parecen más a un fruto que a una semilla, que son más un efecto que una causa. Aparentemente nos estábamos "yendo por las ramas" combatiendo malos frutos sin ir a las raíces de don de se alimentaban. "La ruptura entre el Evangelio y la cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo", dicen los obispos repitiendo al Papa.

"Lo que importa es evangelizar no de una manera decorativa, como con un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces la cultura y las culturas del hombre, en el sentido rico y amplio que tienen esos términos en la Gaudium et spes ", enseña Juan Pablo II.

Quedan inmensas tareas por delante. Algunas conceptuales, empezando por: qué entendemos por cultura, por ejemplo. Otras estructurales: ¿quién y cómo va a repensar estas cosas? ¿Cómo se van a instrumentar? ¿De qué manera van a participar los miembros del Pueblo de Dios en esta transformación pastoral? ¿Lo vamos a hacer solos, mirando hacia adentro, o vamos a buscar respuestas con otros credos e instituciones?

Las preguntas se multiplican y algunas pueden ser inquietantes. Los mismos obispos que le pidieron a la Patria "algo inédito" nos invitan ahora a recorrer en la Iglesia Argentina un camino en muchos aspectos "inédito".

Jorge Oesterheld

 

   


Publicado en la 

Revista Criterio

Octubre 2003

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